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La ciudad inteligente y la importancia del “dónde”


La ciudad inteligente, o smart city, es y será ciertamente uno de los desafíos más importantes de las próximas décadas. Se calcula que de aquí al año 2050 más de 6 mil millones de personas vivirán en medios urbanos, es decir casi 75% de la población de la Tierra. La concentración masiva de individuos en las ciudades crea muchas oportunidades pero también trae consigo una cuota de dificultades en términos de gestión urbana: polución, pobreza, seguridad, costo de vida, movilidad, etc.

Si bien la ciudad inteligente constituye una tendencia para unos y una necesidad para otros, queda claro que con la explosión demográfica que experimentan nuestras ciudades debemos volver a considerar nuestro modo de vida y cómo usamos nuestros recursos, nuestro consumo y nuestros desplazamientos.

A manera de ejemplo, ¿quién no ha deseado alguna vez saber en forma automática y precisa dónde está ese lugar para estacionar en la calle más cercano a nosotros para así ganar tiempo, ahorrar gasolina, colaborar con menos emisión de CO2 en la ciudad y ayudar a una mejor circulación?

La transición hacia la ciudad inteligente implica optimizar la tecnología de la información para comprender mejor nuestras infraestructuras y el comportamiento de la gente, para favorecer así la toma de decisiones informadas que respondan a las necesidades de los ciudadanos, de las instituciones y de las empresas con un espíritu de colectividad y de desarrollo sostenido.

Las ciudades necesitan sobre todo información y medios para hacer un buen uso de ésta. En realidad, así como las carreteras representaron en el pasado la base del urbanismo tradicional, a partir del siglo XIX, la electricidad, la informática y las comunicaciones representan hoy el sistema nervioso de la ciudad moderna. Los sistemas de información permiten determinar las políticas de desarrollo urbano y de urbanismo, al mismo tiempo que ayudan a los ciudadanos y empresas en la toma de decisiones para mejorar su calidad de vida en el espacio urbano.

No obstante, resulta imperativo entender que la mayoría de los “eventos urbanos” que necesitan toma de decisiones se caracterizan por un lugar geográfico. La ciudad es en efecto y ante todo un lugar, un medio geográfico en toda su complejidad. Los problemas urbanos son locales y las soluciones lo son también. Existe entonces siempre un aspecto de “localización” detrás de cada “evento urbano”. DÓNDE hay embotellamiento y cuándo se da; DÓNDE se están realizando trabajos en las pistas; DÓNDE están los estacionamientos disponibles; DÓNDE existen necesidades de recolección y gestión de desechos urbanos y qué cantidad; DÓNDE se encuentran las islas de calor; DÓNDE están los lugares donde da el sol y que son favorables para la agricultura urbana o la generación de energía solar; DÓNDE y a qué distancia están los servicios para los ciudadanos; DÓNDE están las fugas de la red de acueductos; DÓNDE hay WIFI público; DÓNDE y a qué hora exacta pasa tal autobús; DÓNDE están los puntos de recarga para vehículos eléctricos, para nombrar sólo algunos ejemplos.

Las tecnologías geoespaciales, tales como los sistemas modernos de información geográfica (SIG) y las tecnologías para captar datos, se encuentran en el corazón de la ciudad inteligente porque resulta esencial entender el elemento “DÓNDE” para tomar decisiones informadas. Las tecnologías geoespaciales cubren en gran medida estas necesidades de comunicación y ponen énfasis en el aspecto geográfico, el cual desempeña un papel fundamental en la optimización de la comprensión y la gestión del espacio urbano.

Además, la posibilidad de visualizar la información vinculada a un punto geográfico, a menudo en tiempo real, a partir de plataformas web y de aplicaciones móviles interactivas, permite a los ciudadanos así como a las partes interesadas en diferentes servicios urbanos interactuar y contribuir a los intercambios de información en todo momento y monitorear los cambios en la ciudad.

Por lo general los SIG están diseñados para proporcionar una amplia gama de opciones para alentar la toma de decisiones gracias a su poderosa capacidad de almacenamiento de información y descripciones, manipulación y análisis de información así como de simulación y previsión de eventos.

Considerando que los SIG están hechos de información local, tales como los activos de una ciudad, y que se usan para representarlos, se están convirtiendo cada vez  más en la herramienta que determina el grado de inteligencia de la ciudad. Algunas ciudades implementarán un SIG que integre los activos que son útiles para diversos departamentos y agencias mientras que otras reservarán el SIG para ciertas áreas (infraestructuras, transporte, seguridad, servicios públicos). Es por ello que los SIG pueden adaptarse a las diferentes necesidades de información.

Los SIG están probando ser herramientas poderosas de gestión y se encuentran en el corazón de la ciudad inteligente, ya que permiten orientar las decisiones en función de los eventos que ocurren en lugares específicos del medio urbano y tiene como objetivo optimizar la eficiencia de la ciudad al mismo tiempo que se minimizan los efectos negativos vinculados con la sobrepoblación.

Creo que la ciudad inteligente requiere, primero que nada, dominar el concepto del “DÓNDE”, es decir la geolocalización de los elementos urbanos, sus movimientos e interacciones con los ciudadanos. No obstante, considerando que las necesidades en gestión de la información de la ciudad inteligente varían según el contexto específico de cada una de ellas, las soluciones deben ser muy personalizadas, adaptadas y certificadas por profesionales del área geoespacial.

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